Dejémonos de cuentos, el rey se enrocó cuando hace años se enteró del tema de Urdangarín y cuando descubrimos que cada día aparecen nuevas estafas de este personaje no puede pretender que cerremos los ojos y demos por bueno su comportamiento, si realmente fue informado de lo que ocurría tendría que haber encontrado otra solución que no fuera de la hacer que sus hijos salieran huyendo de la quema a otro país esperando que escampara la tormenta y se diera por prescrito el asunto.
Es comprensible que como padre quisiera defender y proteger a sus hijos pero como rey y garante de la justicia debería entre otras cosas haber obligado a sus herederos a retornar el dinero tan “impropiamente” distraído y anticiparse a los acontecimientos pidiendo excusas y dando toda suerte de explicaciones aunque lo achacara a un mero montaje para desprestigiar a la monarquía.
La situación lejos de aclararse no hace más que enmarañar el ambiente destapando las autenticas mafias que nos gobiernan, de cómo proyectos aprobados multiplican su coste final dos y tres veces para que toda esta gentuza se llene los bolsillos a nuestra costa, o como la conciencia colectiva es movilizada en campañas populares en beneficio de aparentes entidades benéficas cuando detrás de todo ello no hay más que un montaje de esta pandilla de impresentables dispuesta a vender su alma con tal de sacar la tajada económica más suculenta del pastel.
Pero paralelamente a estos hechos planea un asunto mucho más preocupante y es la facilidad en que se mueven las grandes fortunas para situar sus cuentas en paraísos fiscales, si es tan fácil como parece no nos extrañe que el saqueo padecido en España con la complicidad de bancos y cajas de ahorro sea una de las principales causas por las que hemos llegado a esta ruina económica, ríanse ustedes del Dioni, La Pantoja y El Pantojo, que cuando todo esto salga a la luz nos daremos cuenta de que son meros aficionados al lado de estos palos de la baraja.

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