miércoles, 1 de abril de 2026

EN MI TEJADO LLUEVEN LÁGRIMAS


En mi tejado llueven, lágrimas de mi vecino

yo bien cubierto de teja y el aterido de frio.

En invierno o en verano en el calor del estío

el se queda sin paredes, dejando el piso vacío

a rezan sus papeles, es tiempo ha concluido

 

Le quitaran su carcasa, le dejarán sin su nido

lo arrojarán de esa casa, posada de su camino.

Y yo cubierto de teja y atado a un pergamino

veo llegarse la angustia a casa de mi vecino.

 

¿Que podría yo hacer ante este desatino

si apenas crucé un usted, atajando su camino?

 

Mi vecino tiene perro, es redondo y consentido

levanta apenas dos palmos, es canela casi albino.

Es el amigo del hombre, compañero y peregrino

el que le obliga a salir del su estado de ostracismo.

 

Mi vecino dice adiós, sin esfuerzo ni eufemismo 

en su casa tiene gato, también tiene paroxismo 

y si preguntas un: ¿Cómo? contesta con ascetismo 

mi vecino aún no sabe donde aparcar su destino.

 

Su pecado: jubilarse, su peculio reducido

su balance hace tablas, mal comió por lo servido

el restringió muchos gastos agua y luz a reducido

y una maligna  infección  ha quebrantado su oído.

 

En estas andaba el pobre, la precariedad su sino

su presente no lo sabe, su mañana un desatino

cuando una ley de lo alto paró en seco su despido

ahora tiene otros dos años, dos años más socorrido

dos años todo un mundo cuando el dogal va vencido .

 

Y yo que apenas lo veo, me alegro como vecino

quizá no sean los mejores, quizá un poco rocino

pero creo que en su estado merece ser comprendido

pensando si yo algún día he de seguir su camino.

                                                                              J. Hernández

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