martes, 26 de mayo de 2026

LIBROS

Recuerdo mi paso por el rastro madrileño a propósito de un cursillo contra incendios que nos obligaron a hacer en mi tiempo de mili en el aeródromo de Cuatro Vientos, allí descubrí montañas de libros a precio de saldo. Compré entre otros Los Miserables y Ana Karenina con los que rellené muchos ratos y muchos tedios en aquel secarral llamado Matacán en salamanca. Mi historia con los libros me viene dada por la necesidad ante la carencia de otros conocimientos, el poder sumergirme en los textos de los clásicos,  los investigadores de la historia,  de relatos y poetas consumados fue para mí descubrir un manantial sin fondo del que nunca te ves saciado.

En este tiempo mi sorpresa es descubrir la proliferación de librerías dedicadas a la venta de libros de segunda mano, es como traerme a la puerta de casa aquel rastro madrileño donde las entonces pirámides  de libros alocadamente presentados se muestran ahora seleccionados pulcramente y dispuestos por autores y especialidades. Mi problema en este tiempo es haberme sumido en una especie de adicción de la que no me puedo escapar, pasar delante de una librería de viejo es ahora incentivar la borrachera por la lectura, pensar que por el precio de un modesto café puedes conseguir un libro que en tuis tiempos representaba los ahorros de todo un mes los hace irresistibles, no sé si esta modalidad de adicción tiene nombre definido pero les puedo asegurar que llega a ser enfermiza.

En mi rebusca he conseguido algunos ejemplares descatalogados muy interesantes y en muchos casos he descubierto autores para mí desconocidos y temas de actualidad impropios en un comercio de segunda mano. Como consecuencia de esta especie de avaricia por los libros el  problema lo tengo ahora en la  falta de espacio, mi preocupación es dar una salida digna a libros que en muchos casos no volveré a leer por falta de tiempo o que no consiguieron interesarme lo suficiente, las opciones son varias:  ir regándolos por las salas de espera o espacios concurridos, retornarlos a las tiendas de segunda mano o por el contrario dejarlos almacenados para que los que vengan detrás pueda experimentar el mismo placer que ya sentí al tenerlos en mis manos, pero aquí viene el nudo gordiano, la juventud en general lee poco, esto lo pude experimentar en un encuentro con jóvenes y no tan jóvenes de un colegio muy renombrado de la zona, muchos de ellos no acertaron dialogar entre otros temas de un poeta tan insigne  como Garcia Lorca, su reacción fue recurrir al móvil para argumentar alguna respuesta sensata.  ¡Inaudito!

Bien es verdad que este mundo de los libros esta prostituido por las editoriales más conocidas donde sus sobrevalorados premios están decididos antes de ser votados y una vez descorchado el Campan de la celebración no tienen más fuerza que la inmediata y glamurosa salida al mercado ferial y el papel couché. Pero ese es otro tema.

EL LIBRO ES EL ÚNICO BIEN QUE ENRIQUECE CON EL USO


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Este soy yo

Hace ya muchos años que las circunstancias me hicieron dejar Salamanca por motivos profesionales, instalándome en Barcelona. Añoro mis raíces y cuando vuelvo pueden encontrarme paseando solitario a primera hora de la mañana por las calles que tanta cultura han acogido. Salamanca sigue presente en mí.
Siempre he sentido la necesidad de comunicar mis sentimientos, por si lo que a mí me parece interesante a alguien le pareciera útil.
Joaquín Hernández
Salamanca/Barcelona