Abocada a aquella iglesia, unida hasta que muriera
salió esposada a un hombre contra lo que ella sintiera,
fue por cumplir con la iglesia, casó como Dios quisiera
sin sentir, ni desear, sin buscar, ni apetecerle siquiera.
La Petra al quedarse viuda, ahora tiene compañera
pasean cogidas del brazo, del barrio fue la primera
y enfrentó a los adultos a romper con su ceguera,
al principio fue sorpresa, aunque alguno asevera
haberla visto a escondidas, refocilándose en la era.
Hablando de su marido, muy grande fue su condena
pues teniendo siempre a mano una excusa o una pena
lo entretuvo sin sentirlo, salió de la cama huera
como foro de teatro, ella nunca entró en la escena.
Con el aún tuvo tres hijos, normal que así los tuviera
pues siguiendo aquel guion y el personaje mintiera
el riesgo estaba asumido a poco se distrajera
los quiso y amantó y aún hoy más los quisiera.
Ahora ya experta la Petra, detecta cuando a su vera
van colgadas del marido como aval de una quimera
mujeres de buena casa con la cueva en almoneda
que entre santos y medallas y bajando cremallera
ocultan aún sus deseos mientras la llaman ramera.
J. Hernández
En el día mundial del orgullo LGTBIQ