jueves, 19 de marzo de 2026

LA MALA ESCUELA

Hay un cierto pudor en nuestra generación en admitir la escasa preparación y estudios básicos como consecuencia de la falta de recursos, el problema fue mucho más grave para las mujeres que volcaron todo su esfuerzo en mantener la casa, a los hijos, e incluso a los abuelos sacrificando todo a cambio de nada, nadie pensó que para ellas también existía el mañana.

Todo esto viene a mi recuerdo cuando veo a mujeres de nuestra época manifestándose implorando” una pensión mínima que las permita vivir dignamente compensándolas así del gran pecado de haberse entregado en cuerpo y alma a los demás. Emuchos casos nuestras compañeras de generación están dentro del grupo de: Los que no fuimos a escuela porque antes que su educación estaba el cuidado de la casa, los padres incluso de los hermanos más pequeños para que los mayores pudieran abrirse camino en otras tierras o en otro país. Muchas de aquellas mujeres han seguido después sacrificándose para que sus hijas pudieran participar en un mundo que para ellas estuvo vetado y no pocas incluso lo siguieron haciendo con sus nietas volcando en ellas su experiencia y valor testimonial. Nada de todo esto merece ser valorado cuando al enviudar sus ingresos quedan reducidos a una mísera pensión que las obliga a mendigar del gobierno unas migajas para poder subsistir. 

La mujer al quedarse viuda debería tener derecho a la pensión integra percibida por el fallecido, de otra manera se entenderá como un castigo por haberse sacrificado en bien de los demás y de la propia sociedad ya que sin su concurso hubiera sobrevenido  una  economía renqueante y vegetativa, lsociedad en estos casos es doblemente injusta castigandolas por haber sido subyugadas.

Estamos viviendo momentos de cambio donde la sociedad y sobre todo las mujeres pueden cambiar el rumbo de la política y enmendar esta injusticia,  el poder de las mujeres está en ellas mismas, la fuerza femenina sería imparable sin necesidad de grandes titulares, solamente con la unión y la unificación de su voto podrían cambiar gobiernos, tumbar leyes  y sobre todo ser valoradas como se merecen reservando para ellas un reconocimiento a su sacrificio y una justa compensación.

Los que no fuimos a escuela somos la generación sándwich entre los que hicieron  la guerra y la época del desarrollo, donde se primaba a la familia numerosa y a las mujeres se las mantenía en casa  aprendiendo a coser y planchar en el servicio social obligatorio auspiciado por la falange, pensar que por un momento pudiéramos retornar a esa época sería imperdonable, la fuerza del voto femenino tiene la clave.

 

           LA BALANZA DE LA POLÍTICA ESTÁ TRUCADA 

Este soy yo

Hace ya muchos años que las circunstancias me hicieron dejar Salamanca por motivos profesionales, instalándome en Barcelona. Añoro mis raíces y cuando vuelvo pueden encontrarme paseando solitario a primera hora de la mañana por las calles que tanta cultura han acogido. Salamanca sigue presente en mí.
Siempre he sentido la necesidad de comunicar mis sentimientos, por si lo que a mí me parece interesante a alguien le pareciera útil.
Joaquín Hernández
Salamanca/Barcelona