Las esquilas ya no cantan
los cencerros ya no suenan
a Miguel el rabadán
por sus letras encadenan.
Con filo de prosa sangró las conciencias
tallando renglones, con hoces y espuertas
habló de jornales y buscando respuestas
al pronto dejaron sus carnes maltrechas.
Cárceles de oprobio chirriantes sus puertas
donde al pastor pobre, rabadán de poetas
lastraron con plomo sus alas abiertas
restando otras vidas a vidas ya muertas.
No valieron muros, ni fosos ni puertas
y libres volaron sus letras envueltas
en piel de cebolla , gritando sus gestas
mientras él muere de fiebres infestas.
Miguel Hernández pastor de protestas
que diste tu vida por gentes honestas
aún hoy tus albarcas no tienen respuestas
son los mismos amos, mudaron chaquetas.
J. Hernández
EL AYUNTAMIENTO DE MADRID BORRÓ SU RECUERDO