Migrante es el pobre nacido allende nuestras fronteras, el nacido rico aún siendo del mismo país es un inversor. En la categoría de los primeros están los de tez más negra a los que llamaríamos subsaharianos, luego están los llegados de Marruecos que a su vez se dividen en menores de edad y los de edad productiva pero sin papeles.
De la última llegada masiva tenemos que destacar a los que voluntariamente siguieron viaje de retorno apenas pisado terreno español, estos fueron el envoltorio o la bolsa en la que metieron a los engañados incluidos los ahogados (a los que nadie recuerda) Del primer grupo destacaba un aspecto físico muy alejado de lo que podía considerarse famélico o desnutrido más propio de cliente de gimnasio que de estar mendigando por la calle. Fueron ellos precisamente los que una vez cumplida la misión de demostrar la facilidad para una posible ocupación de Ceuta y Melilla dejaron para la historia a sus congéneres en manos de los imponderables.
De todo esto nadie sabía nada cuando es bien conocido que en Marruecos hasta el respirar está controlado. La peripecia es a todas luces preconcebida, la visita del presidente Trump no es ajena a ella su soberbia unida a sus intereses propició el pistoletazo de salida, utilizar al rey marroquí no debe haberle sido difícil y aunque su objetivo es Europa hacer trastabillar a nuestro presidente como baluarte de la izquierda europea es parte del guión.
Mientras tanto lo más envidiado geográficamente de esta nuestra España está colonizado por capital extranjero, los principales bancos y cajas de ahorro vendieron sus activos inmobiliarios al capital foráneo, los españolitos de a pié no encuentran techo asequible, pero como a los inversores no se les llama inmigrantes a nadie preocupa que hayan invadido o comprado España bajo el epígrafe de: INVERSOR.
ESPAÑA NO SE VENDE, SE TRASPASA