Tengo por vecinos una casa regional de las que meten ruido nada mas anudarse el pañuelico, hoy como tantas otras asociaciones de emigrantes está en baja, su jolgorio de una semana continuada ha pasado a ser recreo de chiquillos en horas bajas. Desde mi ventana llegué a conocer y a identificar por sus nombres a los más participativos, aquellos que aparecíana primera hora de la mañana para organizar y dinamizar las fiestas y casi se quedaban a dormir para no perder tiempo, pero esa generación ya no pasa lista.
La lógica de los años a diezmado a este grupo de oriundos de primera generación que revivían con autentica pasión sus fiestas y sus costumbres, poco o nada de todo eso se escucha ya, sus descendientes aunque mamaron la sabia de sus mayores no han heredado ni su fuerza ni su entusiasmo , la pureza de sangre ya no lo es tanto, el entroncamiento con otras realidades y costumbres les ha hecho perder pureza y por supuesto nada de todo esto parece sobrevivir en la ya tercera generación salvo alguna anécdota o el recuerdo del abuelo visto a través de sus progenitores.
El caso del que les hablo puede atribuirse a cualquier otra casa regional, la mayoría están en bancarrota, el número de socios a disminuido de tal manera que con las cuotas obligatorias a penas se cubren los gastos, implorar a las autonomías correspondientes los fondos necesarios para sobrevivir es sumergirse en un papeleo interminable donde la actividad cultural queda ligada a la falta de fondos, de manera que se reparten culpas mientras “las embajadas” mueren por inanición.
Personalmente puedo incluirme entre los entusiastas de primera generación, mi participación pudo señalarse como notable e incluso en algunos momentos como representativa, pero la distancia no física si no política hizo que me replantease la condición de paisanaje por la de no acatamiento político y aunque en mi última visita fui muy bien acogido pude darme cuenta del estancamiento no escapa de la norma.
LA BANDERA DE LAS CASAS REGIONALES SE DECOLORA SIN REMEDIO