Esta frase que una de las amigas del grupo Numen de poesía incluye en uno de sus trabajos ha dado que pensar, la frase nos invita a reflexionar sobre el recuerdo que dejamos al paso de nuestra vida y se perpetúa en los demás. Los recuerdos de nuestros mayores, la tiendecita del barrio donde comprar “fiao”, el colegio con olor a tiza y sabor a tinta, la carbonería donde el cisco y el carbón se compraban al peso , el chiflo del ojalatero anunciando su llegada, el botijero ambulante con su burrito, el kiosquero que alquilaba los tebeos o el colchonero que vareaba la lana a domicilio y hasta el sereno que te esperaba para acompañarte a tu casa.
Nada de todo esto abran vivido las generaciones que nos siguen .En nuestros tiempos el barrio delimitaba la frontera de la seguridad, tus ídolos estaban a tu alrededor y tu visión del mundo se circunscribía hasta donde la vista podía alcanzar. Nuestra vida era más domestica pero más rica en valores y no hacía falta que tus padres te llamaran la atención, cualquier vecino se veía en la obligación de corregirte y por tu parte te librabas muy mucho de protestar, la zapatilla amenazante de tu madre era el semáforo de las advertencias y aunque su voz parece seguir escuchándose cuando en casa huele a croquetas el olor nunca será el mismo, tampoco será lo mismo el olor a “floid” que tu padre se aplicaba después de afeitarse con hojas palmera o la caja azul de Nivea que no faltaba en la mesilla de tu madre.Las marcas y los perfumes eran únicos e imperecederos, ser infiel a una marca era difícil porque no había mucho donde elegir como tampoco podían discutirse los consejos que “Elena Francis” emitía por la radio.
Los de nuestra generación somos la suma de todo lo anterior y ya tenemos difícil adulterar o rectificar recuerdos, podemos intuir nuestro legado cuando en las reuniones de familia siempre hay alguien dispuesto a rememorar episodios, entrando en una competición sin ganadores para ver quien recuerda la anécdota mas rocambolesca o la situación más imprevista, pero de lo que no podemos estar seguros es de cómo interpretarán nuestros errores.
EL LABERINTO DE LA VIDA TIENE CAMINOS INTERCONECTADOS