Hay un cierto pudor en nuestra generación en admitir la escasa preparación y estudios básicos como consecuencia de la falta de recursos, el problema fue mucho más grave para las mujeres que volcaron todo su esfuerzo en mantener la casa, a los hijos, e incluso a los abuelos sacrificando todo a cambio de nada, nadie pensó que para ellas también existía el mañana.
Todo esto viene a mi recuerdo cuando veo a mujeres de nuestra época manifestándose “implorando” una pensión mínima que las permita vivir dignamente compensándolas así del gran pecado de haberse entregado en cuerpo y alma a los demás. En muchos casos nuestras compañeras de generación están dentro del grupo de: Los que no fuimos a escuela porque antes que su educación estaba el cuidado de la casa, los padres e incluso de los hermanos más pequeños para que los mayores pudieran abrirse camino en otras tierras o en otro país. Muchas de aquellas mujeres han seguido después sacrificándose para que sus hijas pudieran participar en un mundo que para ellas estuvo vetado y no pocas incluso lo siguieron haciendo con sus nietas volcando en ellas su experiencia y valor testimonial. Nada de todo esto merece ser valorado cuando al enviudar sus ingresos quedan reducidos a una mísera pensión que las obliga a mendigar del gobierno unas migajas para poder subsistir.
La mujer al quedarse viuda debería tener derecho a la pensión integra percibida por el fallecido, de otra manera se entenderá como un castigo por haberse sacrificado en bien de los demás y de la propia sociedad ya que sin su concurso hubiera sobrevenido una economía renqueante y vegetativa, la sociedad en estos casos es doblemente injusta castigandolas por haber sido subyugadas.
Estamos viviendo momentos de cambio donde la sociedad y sobre todo las mujeres pueden cambiar el rumbo de la política y enmendar esta injusticia, el poder de las mujeres está en ellas mismas, la fuerza femenina sería imparable sin necesidad de grandes titulares, solamente con la unión y la unificación de su voto podrían cambiar gobiernos, tumbar leyes y sobre todo ser valoradas como se merecen reservando para ellas un reconocimiento a su sacrificio y una justa compensación.
Los que no fuimos a escuela somos la generación sándwich entre los que hicieron la guerra y la época del desarrollo, donde se primaba a la familia numerosa y a las mujeres se las mantenía en casa aprendiendo a coser y planchar en el servicio social obligatorio auspiciado por la falange, pensar que por un momento pudiéramos retornar a esa época sería imperdonable, la fuerza del voto femenino tiene la clave.
LA BALANZA DE LA POLÍTICA ESTÁ TRUCADA
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