Me siento carne de sicólogo cuando en un momento de la misa a los asistentes se les da la comunión sin haber ayunado desde las doce de la noche del día anterior, y que tampoco se vieran los confesionarios necesarios para hacer posible que tanto creyente se hubiera confesado previamente, algo me dice que los sermones de ultratumba con los que crecí en aquella iglesia de San Benito eran una forma de manipulación a trabes del amedrentamiento.
¿Donde quedan aquellas diatribas donde el infierno te estaba esperando en cuanto te tocaras por debajo del ombligo? ¿Donde quedan las tinieblas del averno por haber comulgado sin confesar. ¿Dónde quedan aquellas penitencias imposibles de cumplir en tiempo y forma por haber pecado de pensamiento palabra y obra?, ¿Donde quedan los estómagos vacios desde la media noche? ¿Dónde queda aquel respeto al cuerpo de Cristo del que ni siquiera podías tocar una partícula que hubiera quedado fuera del cáliz?
Todo la anterior que ahora pudiera parecer absurdo fue para los de nuestra generación motivo de no pocas angustias y renuentes pesadillas nocturnas y en muchos casos motivo de desequilibrios en la conducta, el miedo al infierno si la muerte te sorprendiera sin haber confesado tus pecados y por supuesto sentirte culpable de todos los males que pudieran sucederte incluida la atrofia de tu medula espinal por tanto ajetreo, era hacerte vivir en una angustia permanente difícil de superar. El maltrato sicológico ejercido a los niños de nuestra generación nos acompañó durante muchos años, crecimos con el péndulo del miedo sobre la cabeza e inseguridades difíciles de explicar, en el momento actual parece que nadie recuerda los mandamientos de la Santa Madre Iglesia. Ahora hay bula para todo relegando a los de nuestra generación en al rincón de los juguetes rotos.
La iglesia perdió adeptos y vocaciones, tan solo el diez por ciento de los matrimonios son bendecidos ante el altar, la natalidad bajó estrepitosamente. El reciente recorrido del Papa por esta nuestra España a sido una buena promoción más cercana al marketing que a la devoción, ahora quedamos a la espera de resultados una vez despojados ya de ataduras y normas fuera de norma en una barra libre a medida de cada uno.
De este Papa podemos esperarlo todo, su preparación académica es más que notable, el dominio del escenario solo está al alcance de un profesional y su enfrentamiento con las distintas realidades no parecen amedrentarle. ¡Lástima! Qué el derroche de medios haya encuadrado su visita en la ostentación y la falta de humildad, tanto que en algún momento nos hicieran recordar la primera salida de Jesús expulsando a los mercaderes del templo.
EL “MILAGRO” DE NUESTRA GENERACION ES HABER SALIDO BIEN DE “MILAGRO”
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