Comadres a mi alrededor charlan, gritan, gesticulan
Tazas, platos, entrechocan, los niños su biberón
los abuelos ahora opinan de artistas del corazón.
¿Es tan trágica la historia? ¿Tanto morbo alrededor?
Mi café ya no hace nata, el cruasán se desmigó,
el azúcar que le he puesto no tiene apenas dulzor,
la servilleta de pega, la cuchara se dobló
y por más hermanamiento a mi mesa sientan dos.
Y aquí me tienen ustedes expulsado por presión
y al retrasarme yo un poco mi bandeja se esfumó.
¿Porque vengo yo a este sitio? ¿Porque siento esta obsesión?
¿Será que este es mi vicio? ¿O por simple tradición?
Me levanto despacito y sin llamar la atención
procuro ganar la puerta sin provocar la eclosión
de esta parte del mundo que no tiene otra misión
que charlar de todo un poco y evitarse la obsesión
de hablar de guerras y precios y rebajan la tensión
creando un mundo propio de charleta y biberón.
J. Hernández
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