martes, 17 de octubre de 2017

LA GUINDILLA BAJO EL RABO

Cataluña regurgita por las esquinas, una opinión sin que ni siquiera tenga que ser política es cuestionada, todos llevamos la guindilla bajo el rabo y cualquier comentario pone las orejas tiesas como liebre en barbecho, la calma del momento barrunta tormenta, el ingreso en prisión del “los Jordi” ha imantado el ambiente y no estar de acuerdo te hace responsable de su encarcelamiento  ante una infantería independentista que con el petate cargado pulula por la calle como fieles en campaña de proselitismo, la guerra civil para muchos no ha terminado,  la democracia no ha tenido lugar y los siete apellidos vascos no son nada si no hablas catalán.

Nunca fue fácil ser cristiano en tierra de sarracenos, pero si te creías tan mahometano como el que más resulta que tu ADN  te delata,  tu nariz deja de ser curvilínea para los del alfanje y no lo suficientemente recta para los creyentes, el espejo de la vida te devuelve una cara de gilipollas que no sabes si poner el espejo del revés, esconderte para que no te reconozcan o seguir en el mostrador intentando esquivar  amagando para no recibir.

Las banderas españolas que tan jubilosamente salieron en manifestación no se ven en los balcones, el caracol  de aquel día escondió los cuernos en cuanto el sol se apagó y es que algo no funciona en nuestra identidad, el festival del domingo quedó como una extraordinaria exaltación patriótica pero tan efímera que muy pocos se atreven a seguir representándola en público, la sensación de no estar seguros de cuál es nuestro baluarte hace que busquemos  un pendón identificativo que el tiempo decoloró pero al cual nos dijeron debemos fidelidad, no es fácil navegar en un mar de corrientes alternas, nada tan fácil como dejarte llevar, nada tan difícil como agotar tus días intentando regresar a la dársena  que te vio nacer , mientras tanto tus hijos por ser muy tuyos luchan como bravos buscando su propia identidad y ya solo te queda desearles una buena singladura mientras tus indicaciones desde el puerto resultan cada vez mas débiles.

                     LA CHALUPA ES EL PIOJO EN LA CALVA DEL MAR

Este soy yo

Hace ya muchos años que las circunstancias me hicieron dejar Salamanca por motivos profesionales, instalándome en Barcelona. Añoro mis raíces y cuando vuelvo pueden encontrarme paseando solitario a primera hora de la mañana por las calles que tanta cultura han acogido. Salamanca sigue presente en mí.
Siempre he sentido la necesidad de comunicar mis sentimientos, por si lo que a mí me parece interesante a alguien le pareciera útil.
Joaquín Hernández
Salamanca/Barcelona