Limpio y vuelvo a limpiar, mi despacho: un aquelarre
tengo libros, cerámica y pintura y un telar que nadie barre
quiero tirar y no puedo, quiero romper y no valgo
y cuando alcanzo a tirar me queda un regusto amargo.
Salen recuerdos y paro, salen dibujos y veo
y por más que digo ya, esto también me lo quedo.
No tengo remedio yo, será también por la edad
que ya no esté muy cabal y a todo lo que yo encuentre
me crea tener presente y me dé jovialidad.
La limpieza siendo grande no me dejó muchos huecos
tengo casi mas antruejos que los que pude tirar
y es que sin yo pensarlo apareció un viejo carro
un barco casi juguete, una armónica, un carrete
y hasta un disco de postal que tiene la cobertura
gastada por su andadura entre más de un festival.
Ahora resulta señores que tengo falta de espacio
pues no salvé del naufragio ni siquiera una bombilla
que por ser tan chiquitilla no puedo encontrar su par
y es que todo algo apunta, mucho vivo más se junta
y del mundo de los sueños yo no quiero despertar.
J. Hernández
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