jueves, 8 de enero de 2026

EL VAGABUNDO Y EL JABALÍ

 EL VAGABUNDO

Al caer la tarde, perdiendo ya el sol su alma

un vagabundo se asoma retando con la mirada,

la esposa se yergue presto, el marido la reclama

y el vagabundo en la puerta no osa bajar la cara

enseñando el visitantedos cuchillos como dagas,

una mirada asesina y un gruñir que encoge el alma.

 

No tengo aquí yo escopeta, tal vez si alcanzo una rama…

En estas andaba el hombre, en estas tras él su ama

los dos cogidos en falso, una silla como arma

y una mesa de terraza con patas de filigrana.

 

El vagabundo  arremete precedido de su fama

en ristre sus dos cuchillos y con sangre en la mirada

marca terrenos y espacios como arma de ensenada.

El ataque es inminente, un grito presagia el drama

el vagabundo recula, sin correr, como en desgana,

ha suspendido el asalto, tal vez lo intente mañana.

 

Jabalí negro azabache, visitante sin manada

solitario peregrino que visitas mi explanada

no me robes mas almendras, ni desgajes otra rama

que si rompemos el árbol los dos morimos de gana 

 

                                                                        J. Hernández







HISTORIA DE UN JABALÍ

La historia de este jabalí  tan cierta como la describo, se repitió alguna vez mas, nadie podía explicarnos la insistencia de aquel vicho que no hacía más que asomarse al rincón de nuestra terraza  esperando no se sabía qué y solo al golpe de vara contra las piedras las voces que proferíamos se retiraba con parsimonia sin darse ninguna prisa y de forma displicente volviéndose a cada paso.

El puñetero era negro, con un mechón de cerdas cual puerco espín en el espinazo, los colmillos en proporción a su tamaño de daban la imagen de acorazado con patas al que solo le faltaba un gruñido para ponernos a todos a la defensiva. Tiempo después apareció pastoreando una manada a la que supusimos fuera resultado de alguna parada con las hembras a las que precedía, la vista de los jabatos y rayones y su corretear por nuestra explanada  implicaban un tanto de curiosidad y otro tanto infantil condescendencia, pero todo aquello quedaba olvidado cuando embistiendo y refrotándose contra los almendros hacían caer el fruto para refocílio de  su plebe y quebranto de nuestra autoestima. Aquella piara se paseaba por los alrededores como en casa propia sin que hubiera cerca, alambrada o manera de impedírselo, arrasando incluso huertos y gallineros vecinos, sin dejar atrás por supuesto las bellotas de las que cada encina era un kiosco de golosinas con barra libre

Pasado el tiempo supimos que había un compadre que los alimentaba con pan duro y las sobras de sus comidas y esa era la razón por la que aquel espécimen negro zaino venia hasta nuestra terraza mendigando y casi exigiendo su impuesto revolucionario. Mas tarde y ante la expansión de aquella plebe una batida de cazadores impidió volver a ver aquel ejemplar al que ya teníamos puesto horario de visita. Al paso nos dimos cuenta de que provocar una epidemia no resultaría tan difícil.

 

LOS JABALÍS SON LOS GUERRILLEROS DEL MUNDO DE LOS CERDOS 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tiene a su disposición este espacio para sus comentarios y opiniones. Sea respetuoso con los demás

Este soy yo

Hace ya muchos años que las circunstancias me hicieron dejar Salamanca por motivos profesionales, instalándome en Barcelona. Añoro mis raíces y cuando vuelvo pueden encontrarme paseando solitario a primera hora de la mañana por las calles que tanta cultura han acogido. Salamanca sigue presente en mí.
Siempre he sentido la necesidad de comunicar mis sentimientos, por si lo que a mí me parece interesante a alguien le pareciera útil.
Joaquín Hernández
Salamanca/Barcelona