domingo, 29 de marzo de 2009

ABRIENDO VENTANAS

Tenemos aires nuevos en la calle San Andrés, una renovación de la junta nos ha traído un remozado equipo y nuevas ideas. El Centro Hogar Castellano y Leonés tiene las ventanas abiertas, no sólo en sentido figurado sino también en el virtual, ya que a partir de ahora podréis gozarlo asomándoos a nuestra pagina: www.hccylbarcelona.wordpress.com

Si cuando os asoméis a esta pagina no os dan ganas de gritar a los cuatro vientos que no se puede dejar de la mano de Dios una entidad así es que no tenéis sensibilidad. Me estoy dirigiendo a nuestras autoridades en Castilla y León, a esos cargos que presumen de Castellano Leoneses, en su tierra pero que luego se hacen las víctimas ante cualquier comparación, a esos estamentos de poltrona fácil y feliz futuro, que sólo ven a través de la ventanilla del coche oficial y no pisan el empedrado.

Aquí hay una nueva generación que quiere trabajar por nuestra tierra, aquí hay gente que “SON NUESTRA TIERRA”, aquí hay gente a la que no podemos defraudar ni permitir que demanden una limosna a nuestras autoridades, ellos trabajan desinteresadamente y son las autoridades las que viven de nosotros.
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No nos hagáis presumir de nuestro propio esfuerzo porque de ello ya somos conscientes, pero tampoco os apropiéis del sudor de los demás para vuestras diatribas y fácil demagogia. Aquí estamos, ésta es vuestra casa, y como en los mejores tiempos de nuestra Castilla y León la puerta no se cierra o si lo queréis la llave está en la gatera (Nuestra Pagina)
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Gracias a los componentes de la nueva junta a los que les animo a seguir trabajando recordándoles como siempre que me tienen a su disposición.

viernes, 27 de marzo de 2009

YO, UN PARIA EN LA CALLE PARIS, BARCELONA

Suelo caminar tan deprisa y soy tan despistado que he llegado a cruzarme con gente amiga y no me he enterado hasta que me han llamado la atención. Sin embargo aquel día fui a reparar en una persona físicamente insignificante, de piel escamada, color centeno y sonrisa permanente. No pareció ser persona de relevancia por los modos y maneras con las que hablaba su interlocutor, pero algo me atrajo hacia el cómo un imán. De pronto me vi a corta distancia del personaje y sin saber cómo ni por qué extendí la mano hacia él, al mismo tiempo que él estrechaba la mía con una suavidad casi acariciadora.

Los segundos siguientes fueron aterradores, pues me encontré saludando a alguien del que no tenía ningún convencimiento de haberlo conocido y al mismo tiempo no había preparado ningún tipo de saludo o de disculpa. Ni siquiera sabía muy bien por qué le había extendido la mano ni a quién demonios me había encomendado para entrometerme en su conversación.

En este jaleo de preguntas y repreguntas, mientras mi cabeza trabajaba buscando una salida airosa ante situación tan absurda, su voz suave como un susurro me tranquilizó al decirme: “¿En qué puedo servirle?”. En ese momento se me fundieron todos los plomos, unas torpes palabras mías quisieron decirle que no había podido reprimir el instinto de saludarlo y que al mismo tiempo lamentaba haberle molestado, sus ojos más que su sonrisa me dijeron que no tenía importancia y que agradecía mi saludo, al tiempo me deseaba mucha suerte en mi vida.

Después de esto no sé si seguí andando o mis pies se encontraron con una alfombra voladora; lo cierto es que caminé varias manzanas sin poder centrarme en mi trabajo y sin poder contar a nadie lo que para mí había sido un encuentro sobrenatural.

Vicente Ferrer había tenido la amabilidad de disculpar mi atrevimiento y al mismo tiempo había sabido salvar con sus palabras y su sonrisa mi sensación de ridículo por la situación que había creado.

Con el tiempo me he preocupado seguir al personaje que tanto me impactó, he leído casi todo lo referente a su persona y su obra y me he dado cuenta que aquel día me crucé con un personaje irrepetible y destinado a ser venerado a la altura de Gandi o Teresa de Calcuta.

Ahora que su estado de salud es delicado no puedo por menos de recrearme en el recuerdo, para mí imborrable, del afectuoso saludo en medio de la acera, justo a la salida de las oficinas que su fundación tiene en Barcelona. Impagable para mí este recuerdo, no dejo de admirar especialmente cómo un hombre aparentemente frágil ha podido llevar a término una obra tan sobrenatural entre las castas más pobres del país más pobre del mundo.

Pendiente de su evolución, desearía poder encontrármelo nuevamente, para, ya estando preparado, manifestarle mi admiración y respeto.

jueves, 19 de marzo de 2009

EL SASTRE DE VALDECARROS

La que iba a ser una de las propinas más espléndidas y recordada estaba resultando una pesadilla para aquel sastre interesado y tacaño que al despedirme dio por violentada su caja fuerte. Las recomendaciones abundantes y archisabidas caían sobre mí como quien, empapado después de una tormenta, oye llover en la terraza del vecino.

La calle Vázquez Coronado quedaba muy cerca de la calle Concejo donde se encontraba la sastrería, la carga no resultaba especialmente pesada aunque si voluminosa, pero mi experiencia y mi envergadura pudieron con todo.

El punto de entrega era una tienda de ropa, pequeña pero llena de un tipo de artículos más bien saldables a precios populares. Me recomendaron preguntar por el señor Flores quien por estar ausente era sustituido por su esposa al frente de aquel establecimiento. No hizo mucha falta decirle a lo que venía pues dado el material que yo portaba no cabía duda ninguna.

Desmontado el montón de prendas que mi cuerpo serrano había portado y entregada en mano la factura que tan de cabeza traía a mi jefe quise retirarme sin más dilación, sin largarle ninguna de las recomendaciones en las que mi ascendente había tenido a bien instruirme, pero hete aquí que la buena señora haciéndome esperar rebusca en su bolso y me larga una propina extraordinaria. Yo por azoramiento no sé si le di las gracias o simplemente gané la calle por si se arrepentía, lo cierto es que no respiré a gusto hasta verme en la Plaza de los Bandos frente al Banco de España.

Ahí me tienes contento como unas pascuas regresando a la sastrería, dando mas pataletas en el aire que D. Quijote haciendo guardia para alcanzar merecimientos ante Dulcinea. Mi entrada no gustó mucho al maestro porque cuando él esperaba explicaciones sobre el posible cobro de la factura yo le solté una retahíla de halagos sobre mi benefactora que debí dejar corto al mismísimo Lazarillo de Tormes.

Traté de explicarle lo bien que había sido recibido y la mejor impresión que la señora me había dado, todo ello claro está sin ni siquiera insinuar lo de la propina, que por lo inesperada había hecho saltar mi banca, pero que por lo que a el concernía no entendía que yo estuviera tan contento y el por el contrario debía encontrarse constreñido por su faltriquera.

Por lo que supe después el Sr. Flores había apoderado a varios toreros y cuando ya estaba dedicado a otros menesteres se había hecho cargo del mozo espigado, seco y serio que se había pasado por la sastrería de aquel famoso sastre para hacerse sus dos primeros trajes de calle con los que presentarse ante la prensa en Madrid.

Trascurrido el tiempo aquel mozo medró en el arte de Cuchares y tanto llegó a destacar y tanto dio a conocer Salamanca allá por donde iba que ahora la ciudad quiere dedicarle un medallón en la mismísima plaza mayor.

Yo no he podido por menos que explicar esta anécdota, junto a las fotos del diestro con mi padre y sobre todo la foto que hace muy poco se hizo mi mujer en Salamanca junto con su esposa Mari Carmen enviándome un saludo cariñoso.

Ahora me río yo solo tratando de verme dentro de unos años en la plaza delante del medallón rodeado de mis nietos y nada mas abrir la boca, verlos a todos salir corriendo al grito de: ¡¡¡ SOCORROOOOOO, EL ABUELO EMPIEZA A CONTARNOS COMO CONOCIÓ AL VITIIIII!!!

domingo, 15 de marzo de 2009

CEMENTO, SUDOR Y ARENA

La idea que yo tenía del monumento empezó a cambiar a medida en que nos íbamos aproximando. Sobre un altozano se podía ver un intento de réplica del templo de la Sagrada Familia de Barcelona con alguna semejanza al Parque Güell, incluso con cierto parecido al Tibidabo. La curiosidad empezó a ser ansiedad a medida que nos aproximábamos y a partir de ahí la sorpresa y la incredulidad se sucedían junto con la sensación de lo inexplicable.

El monumento, obra de un discípulo de Gaudí, tenía su sello inconfundible, con columnas ascendiendo hacia el cielo en mil formas y profusión de imágenes que estallaban en altura dando lugar a fantásticas alegorías en una mezcolanza de formas inexplicables junto con vidrieras geométricamente confeccionadas; los trabajos de fragua para confeccionar rejas y barandillas quedaban patentes por su sencillez y buen gusto. También eran sorprendentes los materiales empleados.

La obra empezó a realizarse con la grava extraída de los arroyos cercanos, mezclada con cemento y compactada manualmente por los vecinos de los pueblos del entorno, que habían conseguido confeccionar rudimentarios bloques de hormigón con moldes de madera, levantando así parte de la base de la estructura.

Suspendida la obra por motivos varios se reemprendió su construcción por el mismo sistema si bien esta vez con arenas de otros lugares por tener prohibido extraer grabas de los arroyos cercanos. Incluso se utilizaron escorias del carbón que recogían junto a las vías del tren.

Como todo esto está a la vista ya que nadie ha tratado de disimularlo, sino al contrario, los autores se enorgullecen de ello, el resultado es un templo sencillo pero sorprendente, imaginativo pero natural y sobre todo un templo amasado con el sudor de los devotos. Puedo asegurar que me ha impactado tanto el concepto de hermandad y devoción como el resultado de sus sudores y la ilusión que les debió suponer conseguirlo con sus propias manos.

He bajado de aquel pequeño altozano más seguro de que la voluntad está por encima de la falta de medios y sobre todo de cómo con imaginación voluntad y perseverancia se llega a resultados increíbles, he regresado convencido de que lo natural y la naturaleza unidas al esfuerzo forman una argamasa capaz de llegar donde queramos y sobre todo de cómo la humildad se hace templo con solo aunar voluntades.

Deshaciendo el camino no he podido por menos de acordarme de cómo quieren terminar la basílica de Santa Teresa en Alba de Tormes, cómo me sorprendió pensar en lo poco que encaja la idea de una santa austera en su forma de vivir y de pensar con una basílica ostentosa y desproporcionada y como su Carmelo descalzo no puede encajar en el concepto de despilfarro recaudatorio que representaría esta basílica en los tiempos que estamos, parecería tanto como poner marco de oro a una foto de las carencias del mundo.

Señores de la comisión encargada de proseguir las obras de la basílica de Santa Teresa tal como se inició en su momento, dense una vuelta por esta otra basílica de la que les hablo. ¡Por favor, señores! Si de verdad conocen la biografía de Santa Teresa no caigan en el gran error de ponerle un marco tan contrario a sus ideas que lo harían increíble a cualquiera que de verdad interprete el sentir de la Santa andariega.

Visiten el SANTUARI de MONTSERRAT a MONTFERRI y verán de qué les hablo.

martes, 10 de marzo de 2009

VIEJOS TIEMPOS - NUEVOS BARRIOS

Recuerdo cuando llegué a Cataluña cómo se construían nuevos barrios de forma imparable y de manera un tanto desordenada con el fin de dar cobijo a todos los emigrados que venían a trabajar sobre todo a las grandes fábricas auspiciadas por la dictadura franquista.

Como a su vez se montaban industrias que suministraban elementos para las grandes empresas y otras varias que fabricaban materiales para la construcción de las viviendas que necesitaban los recién llegados, quedamos todos metidos en una rueda de consumo sin fin que no hacía si no reinvertir lo conseguido en tu empresa en la industria del vecino, que a su vez hacía lo mismo con el de al lado; total que el sueldo de unos pasaba a manos de otros y así sucesivamente. Como a todo esto la gente tenía que emigrar de sus lugares de origen si quería unirse al carro del mal llamado progreso resultaba que unas zonas quedaban despobladas en beneficio de otras que a su vez tenían que proceder a construir nuevas instalaciones para dar servicio a tanto recién llegado y paradójicamente quienes construían estos nuevos equipamientos resultaban ser los venidos de otras latitudes.

Yo entonces me preguntaba: ¿No sería más fácil montar las industrias motrices en las zonas de donde procede este caudal de gente y así evitar la emigración? ¿No es de sentido común construir donde hay tierra yerma sin necesidad de derribar lo ya construido?

Ahora resulta que la rueda se ha parado, las grandes fábricas no venden su producción y las que dependen de ellas tienen que cerrar a su vez por que no tienen a quien vender lo que fabrican.

Ahora se plantea otro gran problema: vivir aquí es caro, moverte por la ciudad te sale por un pico, pagar el mantenimiento de los servicios creados en su día tiene que salir de los ciudadanos, como éstos se crearon en época de abundancia no se reparó en que serían costosos de mantener; como estos servicios encarecieron el suelo, los pisos se pusieron por las nubes obligando a las familias jóvenes a irse fuera a vivir, las expropiaciones terminaron por diezmar la población, con lo cual el reparto de gasto se divide entre un número cada vez menor de población.

Ahora el número de vecinos que no puede pagar se multiplica, la ciudad no puede pararse y tiene que mantener las infraestructuras, las grandes firmas cierran sus puertas y se marchan buscando producciones más baratas, la población envejece a marchas forzadas. ¿No puede ser que llegaremos a ser una ciudad fantasma? ¿No tendremos que reconvertir los parques en huertos familiares? ¿Los grandes hoteles construidos al amparo del boom turístico tendrán que ser reconvertidos en residencias para la tercera edad? ¿No empezarán algunos barrios a independizarse del resto para poder subsistir? ¿Será el autoabastecimiento valorado como el progreso ideal dentro de poco? ¿Empezaremos a valorar el trueque como intercambio natural de bienes y servicios?

La verdad que el baño de humildad que estamos padeciendo puede ser traumático para muchos pero necesario para la mayoría, y lo malo es haber quemado el barco que ahora nos permitiría iniciar el regreso.

sábado, 7 de marzo de 2009

LA DAMAJUANA

Una garrafa con las mimbres en cuaresma hace que cada vez que intento apoyarme en la pared se me claven en las pantorrillas sus puñeteras y afiladas puntas.

El verdoso cristal que se adivina entre el entramado de las mimbres aparece limpio; la boca está desdentada pero no parece que las caries pasen al interior. Así y todo no es el peor de los recipientes entre tantos peteretes como hay en la cola.

Por fin la fila empieza a moverse y pertrechados con los mil aperos esperamos el turno para retirar nuestro racionamiento.

El roce de los cazos de latón al enterrarse entre las legumbres dentro de los costales tiene un ruido especial que, cuando suena al caer dentro de las bolsas de papel de estraza, se transforma en marcha triunfal.

Las mujeres murmuran entre dientes y sólo la de la garrafa deshilachada se atreve a dudar de la fiabilidad del medidor de aceite que manipulado a mano pudiera estar preparado para extraer aire más que otra cosa.

En algún momento se encara con el dueño pero éste jura y perjura que no escatima ni una panilla y que muchas veces pierde dinero por que el aceite en invierno es mucho más espeso y a él le salen menos litros de los que le dicen los de las tasas.
Entre el murmullo general se destaca una voz que no duda en decir que por eso siempre tiene los bidones junto al brasero.

Una vez en la calle mi madre valora las cantidades autorizadas en el racionamiento de este mes y trata de consolarse al pensar que serán suficientes si todos nos apretamos el cinturón y está contenta porque se rumorea que en poco tiempo el mercado de las legumbres será libre. Mientras recuenta el dinero sobrante yo no puedo por menos que buscar con la mirada a la señora de la damajuana, tengo curiosidad por saber si las asas aguantaron el peso del aceite.

La veo bajo el dintel de la puerta de los ultramarinos ajustándose una rodilla en la cadera, acto seguido acomoda en el cuadril la garrafa que fue mi compañera de espera. Parece que ni siquiera ha intentado medir la fuerza de las asas, pues la ha cogido con una mano por el cuello; y la otra por el culo de arpillera; una vez segura de su estabilidad ha abrazado la garrafa con su brazo izquierdo y, recogiendo su delantal, ha rodeado el gollete para asirla mejor. Con la mano derecha la veo intentando levantar una gran cesta de mimbre, que a duras penas consigue cerrar.

Tratando de apañar la cesta el mandil se le ha quedado corto y al tratar de ponerse derecha la garrafa se le escurre de las manos y estalla contra el suelo saltando en mil pedazos como una sandía demasiado madura, un grito desolador hace retumbar las paredes de lo que fue iglesia de San Marcos.

He despertado sobresaltado; todo ha sido una pesadilla, no hay racionamiento ni escasea el pan; puede conseguirse fácilmente una botella de aceite, un poco de azúcar, algunas patatas o sal, tampoco hay que recurrir a la vecina de al lado para que te preste unos huevos, las lentejas vienen ya sin piedras, las alubias no tienen bichos y el café no hay que traerlo de contrabando.

El reloj me dice que son las cuatro de la mañana, tengo que relajarme y dormir. Ahora me veo en la calle, me doy cuenta de que la gente escudriña entre las basuras, de que los sobrantes de los supermercados generan disputas entre los que esperan, de que hay colas para comer gratis como se hacía en tiempos de Auxilio Social, de que en los supermercados se roba comida, de que Caritas está desbordada, de que la gente duerme entre cartones y de que las casas de empeño han vuelto a resurgir.

Trato de pellizcarme, debe ser la continuación de mi sueño, pero no consigo despertar. ¿Será que esta pesadilla es real? ¿Será verdad que las grandes superficies han puesto un compactador para triturar los restos de alimentos para que nadie pueda aprovecharlos? ¿Será verdad esto que estoy viviendo? ¿No será este el sueño y lo anterior la realidad? ¿Las colas frente al INEN no serán las mismas que las de los jornaleros de otros tiempos, para ajustarse a un amo a cambio de comida o poco más?

Que alguien me despierte por favor.

martes, 3 de marzo de 2009

PAN DE LOS ANGELES

Aquellas monjas del Amor de Dios nos conocían sin vernos o eso creíamos nosotros. La verdad es que entrar en aquel zaguán entrañaba un cierto respeto, la clausura se extendía por todo el entorno y entre la penumbra en que estaba y el frío que parecían desprender las paredes te entraba un encanijamiento que ya no sabías si salir corriendo por miedo a que te metieran dentro del convento o ponerte a hacer penitencia por haberle tirado de las trenzas a la vecinita del barrio.

El momento trascendental era cuando una monja al otro lado del torno te saludaba con aquella cantarina voz entonando el Ave María Purísima. Contestar “Sin pecado concebida” significaba casi empezar a decir tus pecados sin poder impedir que unas gotas de pipi mancharan tus pantalones por el acojone que te entraba.

Luego venía lo de invertir lo menos posible para obtener la mayor cantidad de beneficio, las perritas que tintineaban en el bolsillo las recontabas a tientas una y otra vez, ya no sabías si poner la perra chica en el pañuelo podía ser arriesgado, que si empezabas por la perra gorda podía ser un despilfarro mayúsculo. La cosa estaba en observar la inversión que tenía el que te precedía, si con perra chica salía contento, entonces la cosa estaba clara, pero si no salía satisfecho o es que el dinero era poco o que las monjas ese día no tenían recortes; total: una jugada especulativa en toda regla. Yo recuerdo rebuscar las dos perras chicas entre las costuras del bolsillo del pantalón para demostrar que no tenías más, que la perra gorda era síntoma de opulencia. Entonces depositaba la primera perra chica junto con el pañuelo y a partir de ahí y de darle la vuelta al torno empezaba el dialogo.

Primero una santa exclamación por el asqueroso pañuelo que habías depositado, la monjita te lo devolvía sin tocar en medio de santas invocaciones, implorando al cielo otra prenda más decente para tan delicado cometido, tú, extrañado por que antes habías procedido a estirar la albóndiga en que se había convertido el pañuelo, haciendo saltar las cascarrias disecadas que se habían prendido a él, volvías con denodado empeño a reestirar el pañuelo, romo de una de las esquinas (Dicho sea de paso), porque había sido antes pañoleta de camisa, y estirón por aquí y restregón por allá hacías ver a la monja con cara de desconsuelo que no había otra manera de sacar mas partido a aquel trozo de tela tan pulcramente rematado por mi madre y que me había sido entregado inmaculado y limpio esa misma mañana.

Vuelta a girar el torno y exclamaciones de resignación de la monja tornera al ver de nuevo aquel engendro de pañuelo convertido en contenedor de restos de Hostias benditas. La perra chica no parece convencerla y como quien encuentra otra perrita por casualidad, le dices que de la vuelta al torno pues por puro milagro as encontrado la que faltaba.

La salida a la calle es cegadora pues el contraste de luz a duras penas te deja ver el escalón de la entrada y como además vas pendiente de comprobar si tu colación es la misma o aproximada del que salió delante de ti, el tropezón es seguro y el deslumbramiento te puede ocasionar perdida de una parte de tus existencias.

Hechas las pertinentes comparaciones hay que salir corriendo porque están al caer las cinco de la tarde en los Salesianos de San Benito, hora de la bendición, y si llegas tarde ya puedes prepararte para ver el cine de cara a la pared y además como hoy toca en el colegio de los Irlandeses y es una del Gordo y el Flaco hay que espabilar si no quieres pasar frío.

Por el camino he venido echando cuentas y como mi primo Federico se ha aprendido el truco de venir con nosotros cuando mi padre nos da la paga de los domingos, resulta que tenemos que repartir la peseta con él, y entonces a mí como soy más pequeño sólo me dan treinta céntimos cuando ellos se quedan con treinta y cinco; les he dicho que no estoy de acuerdo pero no me hacen caso. Tendré que hablar con mi padre; o mirar de qué manera nos quitamos a mi primo Federico del medio porque yo no estoy dispuesto a continuar así.
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La historia real como la cuento se resolvió añadiendo mi padre cinco céntimos más a la paga, pero de lo que no nos pudimos librar es que mi primo estuviera siempre presente cuando íbamos a ver a mi padre, y ni anticipándonos a la hora prevista logramos darle esquinazo.

Ahora nos reímos recordándolo y quiero que quede constancia para que mis nietos reclamen a los suyos el capital devengado mas los intereses.

Nota: Hasta hace poco tiempo las monjitas seguían vendiendo los recortes y por el mismo sistema y con el mismo torno, y en una charla con la monja tornera me recordó que la imagen de Maria Auxiliadora que se veneraba en la Iglesia de San Benito ahora la tienen en su capilla como recuerdo del que fue colegio de los Salesianos en la calle Compañía.

Este soy yo

Hace ya muchos años que las circunstancias me hicieron dejar Salamanca por motivos profesionales, instalándome en Barcelona. Añoro mis raíces y cuando vuelvo pueden encontrarme paseando solitario a primera hora de la mañana por las calles que tanta cultura han acogido. Salamanca sigue presente en mí.
Siempre he sentido la necesidad de comunicar mis sentimientos, por si lo que a mí me parece interesante a alguien le pareciera útil.
Joaquín Hernández
Salamanca/Barcelona