miércoles, 17 de abril de 2013

EL CAFÉ SUIZO DE LA SALAMANCA DEL 1900


No estaba la noche para andarse a papilrros, el frio calaba hasta los huesos y aquellos huesos no andaban sobrados, los tragos de aguardiente  se habían sucedido con demasiada frecuencia y las voces que en principio fueron roncas y quedas  se hacían ahora destempladas y rasposas los palafreneros y mozos de cuadra mataban su frio en un ir y venir constante teniendo la fogata como punto de referencia pero ni las mantas de los caballos si el constante trajín conseguían mitigar aquel frio que parecía emanar de los adoquines de la calle reforzado por un cierzo que entrando por la zona del palacio de Monterrey parecía entubarse en el arco de la plaza mayor dejando tras de sí una blanquecina humedad que al depositarse sobre el empedrado en forma  de escarcha convertía  la calzada en un barrizoso chapatal y las zonas de penumbra en una costra blanca y brillante que al  pisarse crujía como tablas en desván.

Todo el mundo permanecía embozado unos con sus capotes otros con mantas y los mas con las pellizas borregueras  propias de los mozos de cuadra que completaban su atuendo con polainas  vendos y abarcas así y todo nada era suficiente y muy pocos  mantenían ya la compostura, la hilera de cocheros se hacía interminable y muchos mozos de alquiler fueron desistiendo al ver como sus caballos a los que habían enfundado las patas con sacos de arpillera para evitar que resbalaran y protegerlos del frio comenzaban a tener espasmos  encabritándose en ocasiones  para desasirse de sus atalajes, no ocurría los mismo con los jornaleros y palafreneros  que obligados a retornar a los amos a sus mansiones aguantaban como podían aquella noche del duro invierno salmantino.

El café Suizo lugar de tertulias y reuniones celebraba la arribada del mismísimo ministro de ultramar, el banquete suntuoso y excesivo había sido regado con los mejores vinos del Rhin y las más exquisitas especialidades llegadas de la vecina Francia; el propio ministro obsequió a los asistentes con  su acostumbrada esplendidez repartiendo cigarrillos y  habanos sin tope ni mesura haciendo alarde de progalidad e iniciando una sucesión de brindis que hicieron de la noche madrugada mientras la  orquesta desgranaba su inacabable repertorio.

El calor del local había empañado los cristales sus tupidas cortinas vistas desde el exterior convertían a  los danzantes en sombras chinescas mientras el frio de la calle diezmaba sin compasión mozos y palafreneros, hasta que al romper el día los grandes señores fueron ocupando sus carruajes con parsimonia mientras sus cocheros disimulaban como podían el frio padecido haciendo alarde de buena salud y mejor disposición para evitar ser despedidos, el reguero de coches fue desapareciendo mientras en casa de los jornaleros esperaban las migajas de un banquete del que algunos habían disfrutado y muchos padecerían el resto de sus vidas.

Prudencio permaneció en cama aquejado de neumonía sus compañeros del sindicato lo visitaron con frecuencia haciendo votos por su restablecimiento y dejándo sobre su jergón el importe de la última colecta.

EL CAMINO DE LA REPUBLICA SIEMPRE  LO  ADOQUINÓ  LA  MONARQUIA  

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tiene a su disposición este espacio para sus comentarios y opiniones. Sea respetuoso con los demás

Este soy yo

Hace ya muchos años que las circunstancias me hicieron dejar Salamanca por motivos profesionales, instalándome en Barcelona. Añoro mis raíces y cuando vuelvo pueden encontrarme paseando solitario a primera hora de la mañana por las calles que tanta cultura han acogido. Salamanca sigue presente en mí.
Siempre he sentido la necesidad de comunicar mis sentimientos, por si lo que a mí me parece interesante a alguien le pareciera útil.
Joaquín Hernández
Salamanca/Barcelona