Todos deberíamos estar intentando desentrañar el entramado de chantajes, coacciones y chapuzas de estos ciudadanos, en otro tiempo respetados y envidiados; deberíamos estar valorando el montante de sus defraudaciones y la forma de hacerse con los mejores solares de Barcelona. Y celebrando que la justicia fuera igual para todos.

Pero, coincidencias de la vida, al mismo tiempo salta el tinglado del Palau de la Música con el señor Millet a la cabeza, las primeras planas de los periódicos se llenan con este nuevo escándalo, nos sumergen en su caos de descontrol y falta de escrúpulos, nos demuestran que todo político catalán venido a menos tenía su tabla de salvación pasando por detrás de la taquilla del Palau y cómo refutados Catalanistas en desbandada enjugaban sus miserias económicas llamando a su puerta.
Intuimos que lo más granado de la clase política catalana está metida en esta cueva de Alí-Baba y hasta podemos pensar que el numero de cuarenta ladrones con que nos ilustra el cuento puede quedarse corto para la historia real. Perplejos, asombrados e indignados no damos crédito a tanto desmán y pasamos del asombro a la incredulidad y a la indignación, nos damos cuenta que entre todos hemos pagado bodas suntuosas, viajes de lujo, coches exclusivos, mansiones de cinco estrellas y, como propina, cuentas en Suiza y cajas fuertes llenas de billetes de 500 euros; hemos subvencionado partidos políticos que presumían de honestidad inquebrantable y todo con el descaro y la prepotencia que proporciona el manejarse con absoluta impunidad.
Y cuando sin habernos repuesto de este escándalo surgen otros similares en varios ayuntamientos entre los que se encuentra el de Santa Coloma de Gramanet, muy cercano a Barcelona, da la casualidad de que entre los componentes del enredo se encuentran los que fueran mano derecha y guardia pretoriana del antiguo presidente de la Generalidad Señor Pujol, los señores Alavedra y Prenafeta, ambos estrechamente relacionados a su vez con el juez Estivil, ahora en la cárcel junto al conocidísimo abogado de la alta burguesía catalana Sr. Piqué, que en su momento defendió al expresidente del caso Banca Catalana.
Yo me pregunto: ¿No es demasiada coincidencia que salten estos escándalos cuando se está juzgando al antiguo jefe de Hacienda en Barcelona, al constructor más popular de Barcelona y al distinguido y homenajeado en su día como empresario ejemplar señor De la Rosa? ¿No puede ser que estemos siendo testigos de grandes tahúres con cartas en la bocamanga? ¿No puede ser que estén saliendo a la luz las amenazas soterradas de los principales encausados? ¿Estaremos siendo testigos de los envites más que elocuentes contra una figura emblemática del catalanismo? ¿Es posible que aún les queden triunfos que les permitan arrastrar? ¿Es tan difícil entender que alguien marcara las cartas cuando estuvo en posesión de la baraja? ¿De qué manta amenaza con tirar el Señor Pujol? ¿Hay alguna relación de esto con el celebre 3% que lanzó Maragall contra CIU en su día a propósito del hundimiento del Carmelo?
Llegados a este punto no seria de extrañar que tengamos que seguir siendo testigos de otros incendios, mientras el antiguo jefe de Hacienda y sus compinches se mantienen en la cara oculta de la actualidad amparados por el humo que produce el fuego avivado en su favor buscando un viento favorable.









