miércoles, 10 de noviembre de 2010

CALLE ESCUDELLERS

Con esfuerzo se levanta y aún vacila
Es su andar inseguro y basculante
Se incorpora al mal río de su vida
Dudando si seguir hacia adelante

Su fiel perro lo relame y lo espabila
Mil miradas despectivas su bagaje
Harapos y cadenas cual divisa
Cicatrices de sus brazos su equipaje

Recovecos de calle sucia y vieja
De hediondos portales maquillaje
Revoltijo de mantas y colchones
Humedades, vomiteras y pillaje

Recupera una colacha nuestro hombre
De su bolso zurrón, una botella
Ensarta tres pasos; y la rompe
Repara en una hermana, su colega

Se aproxima a la dama que murmura
Rebujada en un colchón tirada en tierra
Sus miradas se cruzan, se comprenden
Se paran, se huelen, cambian  jerga

Alarga su mano temblorosa
Pide a la mujer que se contenga
Colilla, botella, charco, birra
Cariño, calor, desprecio, pena

Brazo flaco, hueso y vena
Chute, jeringa, dosis, gangrena.
Charco sucio negro espejo
Bolsas-fardo su alacena

De calle  Escudellers es el despojo.
Piedra ennegrecida por la pena
Camino de mil seres en ocaso
Pasarela de mil chutes en la vena

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Este soy yo

Hace ya muchos años que las circunstancias me hicieron dejar Salamanca por motivos profesionales, instalándome en Barcelona. Añoro mis raíces y cuando vuelvo pueden encontrarme paseando solitario a primera hora de la mañana por las calles que tanta cultura han acogido. Salamanca sigue presente en mí.
Siempre he sentido la necesidad de comunicar mis sentimientos, por si lo que a mí me parece interesante a alguien le pareciera útil.
Joaquín Hernández
Salamanca/Barcelona