viernes, 26 de diciembre de 2008

CON LOS PAPELES A CUESTAS, LLEGA LA SEGUNDA ENTREGA.


Yo acudí varias veces para ver la exposición que se hizo aquí en Barcelona de los primeros papeles que llegaron desde el archivo de Salamanca, y digo que acudí varias veces no porque no fuera suficiente con la primera sino por observar y contrastar las opiniones de los escasos asistentes.

Primero debo decir que se expusieron en las mismas ramblas de Barcelona, un lugar comodísimo para cualquiera y a pie de calle, casi haciendo competencia con los puestos de periódicos. El número de personas no hizo necesaria ninguna espera para poder entrar, la edad de los asistentes se puede definir como entrados en años; las opiniones, desde el que soltaba aquello de “para esto han armado tanto” a los de “yo me esperaba otra cosa”; tampoco faltaba el que sabía de buena tinta la cantidad de cuadros y joyas que se habían llevado y que los salmantinos no querían devolver.

Conclusión, la gente no solamente estaba desinformada de lo que contenía el archivo de Salamanca, sino que la escasa información de la que hacía gala no se correspondía en nada con la realidad. Como salmantino debo decir que me sentí ofendido e indignado por el vídeo que cerraba la exposición dando la imagen de una Salamanca tercermundista y analfabeta con una visión sesgada del papel que nuestra ciudad había tenido en todo el proceso.

Esta misma aseveración me atrevo a hacerla con el pueblo llano de Salamanca, ¿cuántos sabían lo que contenía el archivo? ¿Cuántos se preocuparon de informarse antes de salir a la calle? ¿Cuántos lo harían otra vez bajo la pancarta exhibida en nuestro ayuntamiento? Queridos paisanos, los partidos políticos nos han utilizado, como han utilizado también al pueblo catalán.

El archivo se compuso de todos los fondos que pudieron ser requisados en asociaciones o particulares de cualquier tipo que olieran un poquito a política, todo valía para llenar sacos y cajas que enviados por ferrocarril a Salamanca sirvieron luego para confeccionar fichas policiales de las cuales dependía el mejor o peor destino de algún prisionero, o para perseguir a los que estando en libertad se hubieran significado en un acto político, por el solo hecho de haber asistido.

Yo he podido cruzarme en las calles de Salamanca con personas que trabajaron confeccionando estas fichas, que pasaron frío y miseria de medios para llevar a cabo el trabajo encomendado pero nunca he visto alguna declaración o manifestación suya en algún medio de comunicación. Estos ciudadanos que tenían que trabajar con guantes de lana y estirar los papeles con planchas de carbón serían interesantes protagonistas de toda esta historia nunca contada.
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Tampoco he podido leer cuál fue el papel real de la Iglesia en este proceso, desde hacer la primera selección que se hacia en el convento de San Esteban, hasta el desinterés por inclinar la balanza hacia el pobre infeliz que por haber firmado un articulo en una revista o salir en alguna foto inoportuna se veía remitido a algún campo de trabajo, sin contar las penas mas graves. Pero qué se podía esperar de nuestro entonces obispo Pla y Daniel si paseó al caudillo bajo palio y definió la guerra como cruzada.
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Según los periódicos una nueva remesa de papeles, esta vez de particulares, está de camino para Barcelona. Si como espero se expone en algún sitio espero verla y comentarlo.

lunes, 22 de diciembre de 2008

NOS TOCÓ LA LOTERÍA

Fue el número 45.3l8 el que nos entreabrió la puerta de la opulencia y nos dejó la ventana de la perplejidad.

Mi madre cambió un armario ropero de luna al frente por un tres cuerpos que hicieron del orgullo de ama de casa la mejor abanderada de lo sensacional de la amplitud. La lámpara de toda la vida fue defenestrada de su sitio en el comedor por una araña de cinco brazos de cristal lacrimógeno que para sí quisieran en el palacio real. Un cuadro de la última cena repujado presidió el comedor desde ese momento, y grandes cortinajes de cretona hacían juego con cojines y fundas, incluida la de la máquina de coser. En nuestra casa por un momento había llegado la primavera.

Mi madre arremetió con todo el lomo fresco que la tienda del barrio trajera de su pueblo y hete aquí que comimos, cenamos y almorzamos mas lomo fresco que en vida pudiera comer el mismísimo Carpanta. Fueron niveladas todas las cuentas pendientes y por vez primera los reyes magos fueron espléndidos.

Los cinco mil duros de la lotería parecían no tener fin, por mi casa pasaron parientes, conocidos, amigos y supervivientes, todos tuvieron su ración de lomo, todos alabaron el punto de adobo, todos hicieron lenguas de la buena mano de la cocinera, todos predicaron la justicia de la suerte, todos vocearon las bondades de la buena mesa, hasta que un día... de la cocina empezó a notarse un tufillo como a requemado, los amigos, conocidos y supervivientes fueron dejando la casa, las raciones de lomo se habían hecho más pequeñas, el punto de sal estaba alto y el adobo quedaba un poco amargo. Al final no hubo lomo que repartir, el armario de tres cuerpos sirvió para camuflar airadas conversaciones entre mis padres, la araña de cinco brazos fue paulatinamente mutilada de sus extremidades y sólo el cuadro de la última cena permaneció inalterable. Al florido comedor le llegó el otoño y los juguetes de reyes no pudieron ser remplazados.
Desde entonces para mí la lotería, tiene olor a lomo entre fresco y requemado, entre estampidos de botellas de cava con un regusto amargo en el fondo, entre amigarros abrazucados y alegrones avispados a los que en el abrazo procuran dejarte la espalda molida, entre los que aparecen en todas las fotos y los que te esperan en casa, como una ducha de agua fría para que reacciones, pero a los que en el primer momento no supiste o no quisiste escuchar, entre los que de la lotería hacen un fin y no un medio, entre los que desdentados pretenden comer todo el turrón de almendra almacenado en Alicante

Fue en Diciembre l.957 poco antes de la lotería de Navidad, un grupo de amigos dedicados a la hostelería se repartieron un mas de un millón de pesetas, gente trabajadora que se hicieron notar en Salamanca y sobre todo porque por su trabajo en los establecimientos más conocidos: California, La Isla, Regio, Miami, Roma, Gran Hotel, Universal, Monterrey, El mesón, y cómo no, el bar Bolero que fue quien repartió el número, hicieron de la lotería altavoz innecesario.

La posguerra dura y austera y un trabajo esclavo resultaban un campo abonado de muy difícil adaptación a nuevas situaciones, pero al menos por un tiempo pudimos gritar nuestra suerte.

Ahora cuando veo las caras desencajadas de los afortunados haciendo planes de inversión y esos amigos a su lado dándoles achuchones me viene siempre el olor a lomo adobado.

viernes, 19 de diciembre de 2008

VIEJO ACORDEÓN

Acordeón de voces rotas
Para mí, no desafinas
Mis recuerdos en tus notas
Quedan siempre en mi retina

Acordeón de fuelle fofo
Repegado en las esquinas
Al tocarte yo te noto
Que más que sonar… suspiras

Viejo acordeón de mi padre
De mi abuelo, de mi vida
Tus sonidos son lamentos
Lamentos de un alma herida

Y no será Navidad
Sin una mesa camilla
Una silla en que pisar
Y aguardiente y perrunillas

Y llamando a los pastores
No sé si la estrella brilla
O es que en mis ojos la escarcha
Resbala hasta la mejilla

Que el pastores a Belén
Resuene con alegría
Que suene tu fuelle roto
Que suene como él quería

Pastores a Belén.............






F E L I Z .. .N A V I D A D

domingo, 14 de diciembre de 2008

¡ Socorro, me han atracado!

Los sesenta y cinco años son barrera, fin e inicio de muchas cosas, entre otras, y si usted ha tenido la tentación de caer en la publicidad de bancos y cajas y suscribió un plan de pensiones diez años antes, se encontrará con la desagradable sorpresa de que su dinero no ha generado mas que un miserable interés, muy por debajo del IPC y muy lejos de lo que prometen los bancos para depósitos a plazo fijo.

Como quiera que si intentó retirar su dinero antes de tiempo le hubieran sancionado con una parte importante de su capital, se encuentra por una parte con su dinero secuestrado y en manos de unos especuladores, que además tienen el privilegio de conseguir con su dinero pingües beneficios. Por otra parte no le conviene sacarlo todo e ingresarlo en otra cuenta con más interés porque entonces Hacienda se queda con un buen pellizco, tampoco puede sacar una cuota mensual muy alta porque entonces se reflejará en su futura declaración de la renta como ingresos lo que motivará que su declaración salga positiva y le vuelvan a arrear un castañazo.

Total, que me siento engañado, maltratado moralmente y mi dinero secuestrado por unas leyes o por unas normas que sancionan el ahorro y que permiten que especuladores sin escrúpulos se rían de ti. Si además añadimos que estos pobrecitos vampiros dicen que o le presto mas dinero a través de mi gobierno o de lo contrario se quedan con mis ahorros, se pueden imaginar las ganas que tengo de reír.

No quiero justificar a los desalmados que salen a la calle haciendo algaradas y quemando bancos, pero de verdad que a mí las ganas tampoco me son ajenas, me siento ridículo y ridiculizado.

¡Cómo puede funcionar bien un país donde el ahorro está sancionado y deja en manos de especuladores sin escrúpulos las esperanzas de asegurarte una vejez más tranquila!

A partir de ahora parece que el eslogan imperante será: ¡GASTAR, MALDITOS, GASTAR¡

DE SANTIZ AL MUSEO F. MARÉS DE BARCELONA

Me llegan noticias de que en Santiz, pequeño pero para mí queridísimo pueblo de Salamanca, celebraron su fiesta de San Miguel, en un marco remozado y único.

Los vecinos se propusieron retornar la Iglesia del pueblo a su antiguo estado y, armados de escarpas, cepillos, escaleras y mucha ilusión, han repicado la cal de techos y paredes dejando al descubierto la piedra original. Pero hay algo que por mucho cariño que tengan a su pueblo y mucho empeño que pongan en ello, no podrán hacer que retorne: el magnífico retablo del altar mayor y las capillas laterales, artísticamente talladas y policromadas, que fueron vendidas en su día a precio de derribo para poder arreglar el tejado de la iglesia y recomponer suelos, vigas y paredes.

Yo fui testigo de aquel desmantelamiento, recuerdo el lamentable estado en que estaban las magníficas y doradas columnas de madera que operarios venidos de Zamora cargaban en camiones en un aparente desprecio hacia el material que manejaban, pero que luego envolvían cuidadosamente para que no se deteriorara más. Recuerdo también el polvillo que caía detrás de cada sección del retablo que desmontaban y que los interesados achacaban a que la carcoma se había apoderado de todo el artesonado. Recuerdo también cómo el pueblo pasaba delante de la Iglesia con la cabeza baja no dando crédito a lo que allí estaba pasando.

De esto han pasado muchos años, los artesonados y cuanto había de valor se cargó sin saber el destino, la iglesia quedó, sin un vestigio de su artístico retablo y la cal se apoderó de techos y paredes. El pueblo enmudeció durante mucho tiempo y no fue fácil hacerlo retornar a la que ya no parecía su iglesia de toda la vida. Recuerdo a D. Idelfonso, párroco entonces, extrañarse del vacío que notaba a su alrededor y como tuvo que desplazarse a última hora hasta Salamanca para conseguir un sagrario y algún otro ornamento sagrado. Tal era el expolio al que quedó sometida la parroquia.

Yo visito de vez en cuando el museo de Frederic Marés, aquí en Barcelona, en el que hay obras de muchas partes del mundo pero sobre todo mucho románico de Castilla y León. En la historia del museo se explica cómo el Sr. Marés, escultor y coleccionista de obras de arte, recorría los pueblos de Castilla y León comprando todo lo que se le ponía al paso, o bien se ponía en contacto con los chamarileros de entonces, que le ponían en la pista de una iglesia en apuros económicos donde era fácil hacer negocio.

Cuando he recibido la noticia de Santiz, no he podido por menos de acordarme del museo Marés, con la sensación extraña de no saber si agradecer que gracias a él se conserven auténticos tesoros artísticos que hubieran desaparecido por desidia, falta de conocimiento o medios económicos, o de lo contrario, lamentar que por el célebre Señor Marés u otros como él despojaran a Castilla y León de importantísimas obras de arte.

No quiero que piense nadie que el Museo Marés contenga alguna de las piezas desaparecidas de Santiz, pero yo pregunto: ¿Cómo reaccionarían si descubrieran allí alguna de las imágenes o reliquias desaparecidas de su pueblo?

Desearía de todo corazón que los buenos vecinos del pueblo de mi madre sigan recuperando viejos rincones y sobre todo su ilusión por la historia de sus piedras, pero no es menos cierto que los responsables de la cultura de Castilla y León que tanto se lamentaron por el “expolio” de los papeles del archivo, y que nunca intentaron un acercamiento de estos tesoros a sus lugares de origen, merecerían un tirón de orejas.

Yo me doy por satisfecho sabiendo que la imagen de San José, que mi abuela guardó con tanto empeño en su casa para evitar que alguno de aquellos operarios pudiera hacerla desaparecer, sigue estando en su Iglesia, y yo pueda seguir contemplándola aunque sea con un regusto de nostalgia.

sábado, 13 de diciembre de 2008

El milagro de San Antonio

Dos sombras negras saltan desde el tejadillo de nuestro patio hacia la trasera de la casa; dos sombras siniestras, aterradoras, dejan caer unos sacos contra la puerta del gallinero.
Mi padre ante lo inesperado del encuentro no acierta a explicarse qué es lo que está pasando, duda; son las cuatro de la mañana; el telegrama que tenía que mandar desde el despacho situado en una esquina del corral no tendrá por ahora destinatario, parece que las líneas están cortadas. La hoja del periódico que tenía que poner punto final al mensaje se le cae de las manos. La linterna negra, cuadrada, que fue botín de guerra, padece de un intermitente impreciso y la luz que tendría que haber señalado el camino de las evacuaciones parece tener el mismo temblor que su amo.
La voz que quiere ser de alerta no le sale de la garganta y cuando por fin considera que la situación está controlada y se decide, la voz de mi madre desde la cocina le hace pegar un respingo que manda la linterna a hacer puñetas y los pantalones al lavadero.
La oscuridad es total y ya se sabe que de noche las sombras son molinos. Al fin el bueno de Paco recupera la compostura y decide una descubierta. Amparado por la luz que sale de la ventana de la cocina se acerca hasta los sacos arrojados desde la tapia del corral; toda precaución es poca, primero tantea con el pie, espera para ver si en los sacos hay algo que se mueva o pueda ocasionar alguna desgracia. Nada se mueve y al fin decide con la ayuda de su maltrecha linterna abrir la boca del primer saco:
Se trata de nuestras preciosas y blanquísimas gallinas, una pareja de desalmados ha saltado la tapia del corral, por la parte trasera y una vez llegados al gallinero le han retorcido el cuello a todas las que han podido. El susto de mi padre ha sido importante; pero el disgusto de mi madre ha sido de los que hacen época, pues las puñeteras aves suponían una despensa viviente y un orgullo como ama de casa.
Teníamos la ventaja de disponer de un corral suficientemente grande como para no tener que sacar las gallinas a la calle, como hacían el resto de las vecinas, y además se mantenían con los restos de la comida y desperdicios de nuestra casa, incluidas las mondas de las patatas debidamente cocidas y espachurradas.
Por la mañana la noticia era conocida por todo el barrio; quien más, quien menos, pasó por casa para acompañarnos en nuestra desgracia. Mi madre en un emotivo y postrero homenaje a sus pupilas ha decidido que todo el que quiera puede llevar a enterrar en su cazuela aquellos cuerpos inmaculados. Nosotros por supuesto guardamos luto riguroso y nos consideramos en cuaresma aun estando en pleno invierno.
Lo cierto es que en los días siguientes se vieron más mondadientes entre los agraciados, que se habían visto en muchas bodas. Los entierros debieron de tener hasta novenario ya que en muchas de aquellas cocinas no se dejó de oler a guiso hasta el jueves de Corpus; que por ser fiesta importantísima requería un rango especial, con Palio y procesión.
De todas nuestras gallinas sólo se habían salvado una media docena que, por miedo o por astucia, se habían refugiado en lo más intrincado de los ponederos. No fue fácil convencer a mi madre para que no se deshiciera de ellas, pues en un gesto de rabia quería acabar con todo vestigio de gallinero. Su obsesión era que los que habían entrado por las primeras ya sabían el camino y les seria fácil venir a rematar la faena.
Por fin dimos con la solución: como sólo eran seis las gallinas que quedaban, las recogeríamos cada noche en nuestra cocina y dormirían en el hueco que teníamos debajo de la pila; donde ahora teníamos el carbón, que además tenía puerta y aldaba.
Aceptada esta solución aquí nos tienes a toda la familia a la caída de la tarde haciendo un pasillo desde el corral hasta la cocina para que, cual encierro sanferminero, las gallinas fueran llegando para cerrar la puerta de su dormitorio sin que se asustaran, lo cual era motivo para montar un jolgorio de plumas y cacareos difícil de describir. Todo fue bien hasta que una fatídica mañana las gallinas no quisieron salir de su escondite, a todos no extrañó el poco ruido que hacían y más cuando estábamos acostumbrados a que al menor atisbo de luz, se ponían como locas intentando salir al corral.
Mi madre les abrió la puerta y al mismo tiempo lanzó un grito que recorrió toda la casa. Las seis gallinas estaban muertas, algún mal nacido había puesto algo que las había envenenado. Enseguida cargamos la culpa contra algún vecino envidioso, tal vez los mismos que habían saltado la tapia del corral. Una vez mas las voces se corrieron por el vecindario y cabe pensar que alguno, que aún tenía el palillo entre los dientes desde el festín anterior, empezó a limpiarlo y a sacarle punta para iniciar una nueva degustación.
Mi madre se dio a todos los diablos, y sólo acudía a San Antonio cuando no tenía otro más a mano. Las gallinas fueron sacadas de la carbonera sin que esta vez se las ofreciera a nadie, pensando en que podían estar envenenadas. Las lanzó por la ventana que daba al patio con el fin de que fueran enterradas con la mayor brevedad posible en una zanja en el mismísimo corral, mas las vecinas, a las que ni lo del veneno disuadía de hacer un enterramiento a semejanza del anterior, juraron por San Antonio bendito que sólo querían evitarle el mal rato de presenciar tan funesta ceremonia.
Cuando las buenas vecinas se disponían a sacar el fagot y los crespones negros para proceder a otro enterramiento con honores de capitán general, hete aquí que las gallinas empiezan a correr (un poco cabezonas al principio) y, aletazo aquí y derrape por allá, empiezan a enderezar las crestas; las vecinas corriendo detrás de ellas como no creyéndoselo, o más bien intentando que no se reanimaran mucho para poder cumplir las órdenes recibidas.
Mi madre, en un llorar y reír al mismo tiempo, y en un rezar, maldecir y pedir perdón a San Antonio, montó en un momento el espectáculo de la sinrazón. Las vecinas, con las corvas al aire y los visos al viento, más parecían empeñadas en competir contra las gallinas que a favor de ellas.
Al fin los animales se salieron con la suya, y pudieron más las ganas de vivir que las malas artes de las voluntariosas guisanderas. Mi madre debió hacer las paces con San Antonio y toda su corte de pájaros celestiales y las seis hermosas gallinas nos siguieron dando calor por dentro y hermosísimos huevos con “ Puntilla “.
Alguien se dio cuenta de que lo de las gallinas había sido falta de oxígeno, pues seis gallinas en tan poco sitio y sin ventilación ni San Antonio hubiera podido salvarlas de haber transcurrido algún minuto más. El aire del corral y los meneos que les dio mi madre para lanzarlas por la ventana habían hecho que los pulmones de las pobres gallinas recibieran oxigeno y con ello se realizara el milagro de la resurrección.
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Nota: Las dos sombras que saltaron por el corral, fueron: El Lute y su padre, dos peligrosos delincuentes, el primero de ellos lo cuenta en su libro autobiográfico: "Camina o Revienta".
El suceso es tan real como lo cuento, y esto sucedía en nuestra casa, calle Marques de Caballero, 22 ( hoy flamante Avda. de Portugal), un entrañable barrio con casitas de planta baja, donde se consideraba la calle como la sala de estar de todos los vecinos, y las desgracias y las alegrías de los demás se sentían como propias.
Aquellas casitas de planta baja hoy se llamarían casas unifamiliares; donde crecería el césped y habría piscina nosotros teníamos huerto y gallinas; lo que antes se llamaba subsistencia ahora se denomina comida natural y ecológica; lo que ahora se persigue como idóneo nuestras madres lo tenían como lógico; lo que yo aprendí de convivencia y de participación hoy se llamaría master.

martes, 9 de diciembre de 2008

Hablemos de idomas: Lo oficial y lo real

No alarméis queridos paisanos, aquí seguimos hablando, trabajando y pagando impuestos también en castellano. Mi partido y mi bandera siguen siendo la calle y sus gentes, yo no tengo problemas en manifestarme en castellano. Puedo aseguraros, por ejemplo que la emisora oficial de la Guardia Urbana transmite las ordenes a sus agentes de los coches patrulla en castellano, también lo hace la empresa de autobuses a sus conductores, si sigues detrás de una pareja de Mossos de Escuadra, en sus rondas callejeras, también entre ellos hablan normalmente en castellano, en los colegios los niños juegan en castellano, la gente joven se divierte en castellano.

Las magníficas bibliotecas que existen en Cataluña en las que dispones de todos los periódicos editados en Barcelona, los primeros en solicitarse son los escritos en castellano, sólo cuando éstos están ocupados hay quien se resigna a leer en catalán. Con el catalán pasa como con la tele, si se pregunta en la calle todo el mundo ve los programas de la segunda cadena, cuando en realidad los medidores de audiencia demuestran que no es cierto.

Un medidor evidente de la realidad del idioma fue el lanzamiento del libro “La Catedral del Mar” aquí en Barcelona: un tema catalán, un autor catalán y una puesta en escena netamente catalana. Batió record de ventas en Cataluña pero poco más del diez por ciento de ellas fue en catalán.

Bien es verdad que las normas y las leyes tratan de imponer el catalán a todo trance, pero no es menos cierto que el pueblo es sabio y, sí bien no dejará que el catalán se pierda y lo aprenderá con verdadera devoción, también sabe que en la práctica en cuanto salga de los limites de Cataluña no le valdrá para nada.

Uno de los factores a tener en cuenta a la hora de valorar la utilización del catalán es la edad de los protagonistas. Si se trata de una persona considerada mayor es seguro que se esforzará más en utilizarlo, pero si es más joven no pondrá tanto empeño. El deseo de imponerlo está más arraigado en aquellos que han vivido los años en que estaba prohibido, para resarcirse de los años de silencio oficial, mientras que las personas más jóvenes no sienten esa necesidad del desquite y, además, al viajar más se dan cuenta de que en la práctica, nadie persigue su idioma, pero tampoco les resulta útil fuera de aquí.

Un flaco favor al idioma catalán se lo infligió el líder de Ezquerra cuando apareció en un programa de televisión Española, y no consintió que castellanizaran su nombre, aduciendo que los nombres propios no tienen traducción, cuando él precisamente no duda en catalanizar el nombre de nuestros reyes, nuestros príncipes o cualquier otra personalidad que se ponga en su camino. El tono, los modos y sus comentarios fueron sancionados una vez más por el pueblo llano, que no dudó en demostrárselo en las elecciones catalanas que vinieron a continuación.

Queridos amigos: todo lo anterior se resume en dos palabras: Sentido Común. Algo que se prohíbe, deja el deseo de resarcirse, algo que se impone deja el deseo de rechazarse, si nada se impone ni se prohíbe queda el sustrato de la normalidad.

lunes, 8 de diciembre de 2008

La trastienda del periódico

Para mí el periódico es una caja de sorpresas, trato de ilusionarme con las noticias que puede contener la pagina que está por abrir y no dudo un momento en retardar la nueva apertura, si en la anterior hay un articulo que merezca la pena.

Hoy me he llevado una sorpresa: cuando suponía que las paginas de sociedad no merecían la pena y las pasaba con premura y cierta desgana el corazón me ha dado un vuelco, he reparado en una esquela, es la de un amigo de colegio al cual no he vuelto a ver desde entonces.

A mi memoria han venido juegos y proyectos de aquellos años, lo recuerdo perfectamente como un compañero estudioso y sobre todo destacando en matemáticas, serio, analista, juicioso y cumplidor. He tenido que mirar la esquela varias veces para convencerme de que es él; a través de lo reflejado en ella he podido imaginarme su vida de adulto: se casó y ha tenido tres hijas y varios nietos.

Mi pregunta es: ¿cómo le habrá ido la vida? ¿Conseguiría cumplir sus sueños? ¿Mereció la pena tanto estudio y tanto sacrificio? No nos podíamos imaginar que la despedida del colegio sería la ultima y ahora, sin poder recuperar el tiempo perdido, maldigo el no haber tenido un hueco para charlar con el amigo de infancia y darnos noticias de nuestros estados de ánimo y nuestras ilusiones.

¿Merece la pena luchar tanto y no darte cuenta de que pierdes lo más sencillo que es la amistad y el compañerismo? ¿No es verdad que perdemos el norte por un coche, un piso, una casa o mil historias materiales, sin dar valor a lo que realmente merece la pena?

Empezamos juntos en los Salesianos de San Benito, vivimos la emoción del cambio de domicilio del colegio; pasando de unas instalaciones encorsetadas a la amplia panorámica de los Pizarrales donde nos encontrábamos perdidos, sin nuestros puntos de referencia; recuerdo también la competitividad por ser los mejores.

Recuerdo... recuerdo... Recuerdo que en nuestra imaginación estaba reunirnos en el colegio y siendo ya mayores contar nuestras experiencias, partiendo de la base de que habíamos trabajado con ahínco para construirlo, dedicando muchas horas y trabajando a pico y pala.

Ahora ya no será posible, pero tampoco me encuentro con fuerzas para tratar de encontrar al resto de compañeros de mi promoción que estén por el camino, supongo que no sabríamos reconocernos y prefiero parar mi tiempo en las fotos de colegio y dejar que la imaginación cabalgue a su encuentro.

Colegio Salesianos de San Benito/ Pizarrales / Salamanca

Este soy yo

Hace ya muchos años que las circunstancias me hicieron dejar Salamanca por motivos profesionales, instalándome en Barcelona. Añoro mis raíces y cuando vuelvo pueden encontrarme paseando solitario a primera hora de la mañana por las calles que tanta cultura han acogido. Salamanca sigue presente en mí.
Siempre he sentido la necesidad de comunicar mis sentimientos, por si lo que a mí me parece interesante a alguien le pareciera útil.
Joaquín Hernández
Salamanca/Barcelona